Ayer me acerqué al estante de mi biblioteca y recuperé un libro que ya tenía olvidado, el de mi poeta favorito: Gustavo Adolfo Bécquer. Siempre me he sentido muy en sintonía con él a pesar de vivir en siglos distintos, ya que creo que su corazón latía con la misma intensidad que lo hacía el mío.
Entre las hojas de ese libro, encontré un poema que me gustaría compartir con vosotros. Si lo leéis con atención quizá podáis aprender que cuando queréis de verdad a alguien no hay que darlo todo por perdido a la primera de cambio, hay que luchar por ese amor, porque si no lo hacéis puede que estéis dejando escapar a la única persona que os complemente en el mundo y que os ame como dos almas deben amarse la una a la otra.
Aquí os lo dejo. Espero que lo disfrutéis.
Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.
Yo voy por un camino; ella, por otro;
pero, al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: —¿Por qué callé aquel día?
Y ella dirá: —¿Por qué no lloré yo?
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.
Yo voy por un camino; ella, por otro;
pero, al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: —¿Por qué callé aquel día?
Y ella dirá: —¿Por qué no lloré yo?
No hay comentarios:
Publicar un comentario